Núcleo de Trabajadores Sociales Críticos

sábado, 16 de julio de 2011

"Modelo de Intervención en crisis desde el Trabajo Social: Relación Ética - Desempeño laboral, Críticas y Valoraciones al modelo".

Debemos entender en primer lugar, que el modelo de intervención en crisis, como bien lo dice su nombre, dice relación con situaciones extremas y de riesgo, en lo cual se hace muy necesario una respuesta inmediata frente a estas determinadas instancias.

Este modelo de intervención, además, “se basa principalmente en la disminución del estrés, de la presión que padece una persona cuando se encuentra ante un acontecimiento vital que desestabiliza su equilibrio normal, siendo el objetivo ayudarle a reestabilizar y reorganizar dicho equilibrio mediante la potenciación de sus capacidades adaptativas y de respuesta (1).

“Los problemas radican en general en situaciones nuevas que el individuo no puede manejar rápidamente con los mecanismos de superación y defensa que el posee en la vida cotidiana”(2)

A partir de toda esta explicación con un sentido más teórico acerca de lo que supone este tipo de modelo surgen cuestionamientos lógicos ¿Cómo poder generar conocimiento certero acerca de los parámetros que pueden definir un momento de crisis? y por otra parte, ¿será efectiva esta forma de intervención en las personas tal como se plantea desde lo teórico? Desde estas dos preguntas podemos extender un debate acerca de cómo crear un conocimiento que nos demuestre realmente lo que sucede dentro de este modelo. Es en este sentido donde existen diversos tipos de visiones que tratan de explicar y dar argumentos de cómo poder abordar el tema de la intervención en crisis.

En primer lugar, podemos encontrar a Howard Parad, quien sustenta base de su pensamiento del modelo de intervención en crisis en un aspecto psicológico, la psicología del yo. En segundo lugar, podemos encontrar a Lydia Rapoport, quien dentro de sus estudios señala la importancia de la fase inicial de la crisis como elemento vital para todas las situaciones posteriores. En tercer lugar, podemos encontrar el modelo cognitivo de Naomi Golan, quien además de plantear elementos teóricos desde la base del modelo de intervención, da técnicas concretas de cómo intervenir.

Finalmente, dentro de muchos otros investigadores, podemos destacar a O’Hagan, quien basa su pensamiento en la teoría de los sistemas, facilitando así conceptos claramente aplicables a situaciones cotidianas. Por lo general, “todos los autores las clasifican en crisis evolutivas o de desarrollo, y crisis circunstanciales o accidentales. Las primeras corresponden a las etapas sucesivas de la vida, son necesarias para crecer, y por supuesto, inevitables. Las crisis circunstanciales, por el contrario, son debidas a factores contingentes y, por su carácter circunstancial, entran en ellas todas aquellas que la vida depara a las personas por sucesos precipitantes e importantes: enfermedad física, muerte, suicidio, incendio, contrariedades económicas, etcétera” (3).

En este sentido, y debido a la situación actual en la que nos encontramos, son mucho más repetitivos los casos que abarcan este tipo de intervención, los cuales podemos relacionar debido a la rápida vida cotidiana, al ámbito laboral, a las altas metas que la sociedad comienza a imponer, al exitismo como fuente de todo logro, etcétera.

Pueden existir muchos enfoques teóricos de cómo poder intervenir de la manera más efectiva y concreta para hacer de estas situaciones algo mucho más llevadero, pero a pesar de esto, no podemos olvidar la labor ética presente sobre todo en este tipo de intervención. Más allá de poseer ciertos conocimientos teóricos (que por cierto nos ayudan para poder tener un conocimiento más acabado acerca de la materia-objeto), se hace fundamental poseer los elementos valóricos que conforman a un profesional. No sirve de nada tener un conocimiento amplio acerca de lo que trata este modelo de intervención si el elemento ético y valórico no se encuentra presente.

La ética en la labor del trabajador social es un elemento constituyente de su actuar profesional, y por ningún motivo debe abandonarse, menos en situaciones como por ejemplo, crisis. A pesar de esto, no podemos desconocer que la ética muchas veces ha sido pasada a llevar debido a las fuertes presiones sociales en las cuales los profesionales deben desenvolverse, teniendo que, en reiteradas ocasiones, abandonar sus principios valóricos por los de la institución en la cual se desempeña, siendo en muchas ocasiones muy distintos a los del propio profesional.

A pesar de que estas situaciones se den muy a menudo en el ámbito profesional, es deber del trabajador social ser un agente ético, es decir, llevar a la práctica profesional todos los elementos valóricos de los que se encuentra imbuido con el fin de lograr la manera más ética de enfrentar estas situaciones de intervención, ya que muchas de las personas las cuales recurren a estas instancias se encuentran en estados de vulnerabilidad, por lo que las determinaciones que se toman pueden afectar de manera muy negativa, en el sentido más opuesto de lo que se espera.

Por otra parte, podemos darnos cuenta de que el modelo de intervención en crisis parece ser muy directo y por lo mismo, muy llevado a la realidad cotidiana, pero es así mismo como debe llevarse a cabo su método de intervención.

No podemos dejar de admitir que muchas de las situaciones en las cuales se desenvuelven los trabajadores sociales que deben enfrentarse a estas instancias son por lo general, muy fuertes y tensionales tanto para el profesional como para la persona que solicita la ayuda, dándose así una situación bastante compleja: el actuar del profesional debe ser directo, inmediato, y por lo mismo eficiente, con el fin de que esta situación de crisis no evolucione en un aspecto negativo, sino más bien, en algo positivo y beneficioso para la persona atendida.

Y es aquí donde se complejiza mucho más esta situación con dos factores que la determinan: por una parte, actuar éticamente de acuerdo con valores de común acuerdo, pero por otro lado, tener que ser eficientes e inmediatos en el actuar. Esta disyuntiva hace aún más tensional y complicada la toma de decisiones, ya que en muchos de los casos, por actuar eficientemente e inmediatamente, el factor ético se deja de lado.

En este sentido, no podemos desconocer otro elemento fundamental en el actuar profesional: el elemento estético. Es en estas situaciones tan complejas e inmediatas donde este elemento debe cobrar un gran sentido, ya que constituye un elemento muy importante dentro de la acción profesional. La manera de intervenir, el trato con las personas que se encuentran vulnerables, la forma en la cual se buscan las soluciones a los diversos problemas que se trabajan en este modelo de intervención, deben ser estéticas, en el sentido de que cada una de las decisiones tomadas vayan siempre acompañadas de un elemento estético que haga de estas una situación mucho más agradable para la persona que solicita ayuda.

A pesar de esto, existen ciertas posturas que cuestionan el actuar del modelo de intervención en crisis, catalogándolo como “asistencialista”, lo cual se refiere a entregar sólo medidas “parche” frente a situaciones que son mucho más complejas. Pero si nos encontramos en situaciones que demandan extrema urgencia, como buscar lo antes posible las mejores soluciones para acabar el momento de crisis, no podemos ser tan categóricos y catalogar a esta técnica de intervención como asistencialista, ya que si no se toman determinaciones en el momento (las cuales muchas veces parten por ayuda material), se puede agudizar aún más esta situación de ansiedad y angustia por parte de las personas atendidas.

En manera concreta, podemos determinar que el modelo de intervención en crisis en el Trabajo Social pasa a ser un elemento muy importante para el actuar del profesional, debido a las situaciones actuales en la que nos encontramos, y donde con mayor urgencia se necesita de estas técnicas de intervención con el fin de alivianar muchas de las situaciones que ocurren diariamente. Pero no podemos dejar de darnos cuenta de que a pesar de parecer un modelo muy eficiente para poder buscar soluciones concretas a problemas concretos, éste posee deficiencias las cuales van enfocadas a un problema más epistemológico acerca de cómo establecer parámetros concretos y tener la capacidad de discriminar a que situaciones poner más énfasis, debido a un estado mas “crítico” que a otras.

Hasta el momento, existen diversas definiciones acerca de cómo podemos entender el término “crisis”, pero muchas de ellas nos dan elementos teóricos que por muy técnicos que suenen, no nos dan un parámetro común de que es lo que podemos llamar como crisis. “Otra dificultad que plantea este modelo, y que es señalada por diversos autores, se encuentra en la dificultad de distinguir qué es una crisis y qué no lo es, porque, como hemos señalado al principio, los trabajadores sociales se desenvuelven en contacto con personas en estado de crisis, en tanto en cuanto la demanda de ayuda significa que el individuo (el grupo, la familia o la comunidad) no puede hacer frente por sí solo a sus problemas”(4).

Dentro de este mismo contexto, es de común acuerdo otra crítica a este modelo, la cual refiere a que los diversos enfoques mencionados anteriormente, dan diversos motivos del por qué de estas situaciones, sin llegar a un acuerdo unánime que puede esclarecer la forma más efectiva de intervenir en situaciones de crisis. “Las variantes sistémicas del modelo de intervención en crisis utilizadas en el Trabajo Social destacan en mayor medida la relevancia del entorno del cliente como parte decisiva para entender su situación, que no puede ser entendida sin el conocimiento del funcionamiento de los sistemas en los que éste se encuentra inmerso.

Pese a esta visión positiva de las aportaciones del modelo a la metodología profesional del Trabajo Social, otros autores plantean ciertas reticencias y críticas a la utilización de este modelo. .. La crítica que desarrollo Hill se basa en el hecho de que el Trabajo Social no interviene directamente sobre la crisis, sino que interviene más sobre el individuo, para que éste se dé cuenta., comprenda y perciba la situación de la crisis y en definitiva sea capaz de superarla mediante la adaptación. Esta intervención es tildada como de excesivamente estática, ya que el objetivo es el retorno del individuo a un estado deseable de funcionamiento o la restauración de un equilibrio ideal, no hacia el crecimiento, que sería lo más propio del Trabajo Social”
(5).

En este sentido es donde toma peso lo anteriormente mencionado; las diversas posturas y críticas que se hacen unos a otros acerca de los enfoques sobre cómo abordar este modelo de intervención, hacen aún más complejo el actuar final y por ende, el resultado que se espera, ya que no existe un común acuerdo entre los diversos enfoques sobre el actuar en estas situaciones.

A pesar de las críticas que puedan hacerse a este modelo, podemos darnos cuenta que a su vez cuenta con factores que lo pueden hacer muy eficiente como método de intervención social, dentro de los cuales podemos mencionar, por ejemplo, que el hecho de que sea directo y directivo en la vida de una persona, logra que en muchos de los casos, pueda revertirse la situación desagradable. Por otra parte, “el de atención se centra en el aquí y ahora, con lo que la historia de vida de la persona no es un aspecto importante, sobre todo en los momentos iniciales de la intervención”. (6). Finalmente, podemos destacar otro aspecto importante de este modelo, el cual dice relación con “la total disponibilidad del trabajador social durante la fase de crisis, no permitiendo un período prolongado de estudio y de investigación y el mantenimiento de los contactos dentro del contexto de un horario establecido.” (7).

En efecto, y obviando todas las críticas y valoraciones que se puedan emplear para el modelo de intervención en crisis del Trabajo Social, debemos destacar que como instrumento de ayuda inmediata puede ser una herramienta muy eficaz para poder solucionar diversos problemas que pongan en situaciones de tensión a muchas de las personas las cuales recurren por ayuda.

Finalmente, podemos darnos cuenta que este modelo de intervención social es relativamente nuevo, por lo que aún faltan muchos refinamientos que pueden hacerse, pero lo más importante dentro de todos los modelos de intervención que puedan existir, es básicamente cumplir con sus objetivos, y aún más relevante, tratar de ayudar y lograr un estado deseable y confortable para las personas que recurren a pedir ayuda, con el fin de hacer del Trabajo Social una herramienta óptima y eficiente para la materia-objeto de éste.


Bibliografía:


(1): "Modelos y Métodos de Intervención en Trabajo Social", Juan Jesús Viscarret Garro, Alianza Editorial, Año 2007., Madrid. Pág. 130.

(2): "Un enfoque sistémico para la Intervención en crisis en el Trabajo Social", Teresa Zamanillo Peral, Ed. Universidad Complutense, Año 2003, Madrid. Pág. 123. Pág Web: http://www.ucm.es/BUCM/revistas/trs/02140314/articulos/CUTS9393110119A.PDF

(3): "Un enfoque sistémico para la Intervención en crisis en el Trabajo Social", Teresa Zamanillo Peral, Ed. Universidad Complutense, Año 2003, Madrid. Pág. 127. http://www.ucm.es/BUCM/revistas/trs/02140314/articulos/CUTS9393110119A.PDF

(4): "Modelos y Métodos de Intervención en Trabajo Social", Juan Jesús Viscarret Garro, Alianza Editorial, Año 2007, Madrid. Pág. 148.

(5): "Modelos y Métodos de Intervención en Trabajo Social", Juan Jesús Viscarret Garro, Alianza Editorial, Año 2007, Madrid. Pág. 148.

(6): "Modelos y Métodos de Intervención en Trabajo Social", Juan Jesús Viscarret Garro, Alianza Editoial, Año 2007, Madrid. Pág. 147

(7): "Modelos y Métodos de Intervención en Trabajo Social", Juan Jesús Viscarret Garro, Alianza Editorial, Año 2007, Madrid. Pág. 147.

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